de maig 21, 2007

EL ABASTECIMIENTO DEL IMPERIO ROMANO

En la Roma de Augusto, la población rondaba el millón de personas, de las cuales, los receptores de grano, se cifraba en 250.000 ciudadanos.
Estos eran exclusivamente varones, con derecho a ello a partir de los 10 años de edad. Esto da a entender que había unas 675.000 personas dependientes de este reparto de grano. Una población esclava del 30 por ciento, cifra razonable, más los extranjeros libres y personas de alta y baja condición que nada tenía que ver con el reparto de grano, nos da aproximadamente la composición del millón de habitantes.

Era una cifra formidable, solo alcanzada por Londres a finales del siglo XVIII.

Roma pudo crecer tanto y seguir siendo tan grande, solo porque aprovechó los recursos de todo el imperio.

El estado no se ocupó de la importación de artículos de consumo, exceptuando el trigo. Se dice que Septimio Severo añadió raciones de aceite y que Aureliano hizo lo propio con carne de cerdo y vino barato.

El Ejército
Como cuerpo de consumidores, se hallaba dividido, a diferencia de la ciudad de Roma. Había provincias con contingentes permanentes, ya fuera de legionarios o auxiliares. Esta dispersión impidió que se creara un sistema integrado para abastecer al ejército.

Además de la comida, necesitaban una serie de materias primas tales como el hierro, la madera, otro materiales de construcción, animales para la caballería, el transporte, carne y cuero, productos de la industria del vestido, tales como capas, túnicas y mantas, otros pertrechos y armas, antes de llegar a las raciones alimentarias básicas.

Cien mil toneladas de grano, servirá a modo de cálculo aproximado del consumo de cereales por parte del ejército bajo Augusto, cifra que ascendería hasta las ciento cincuenta mil toneladas bajo Septimio Severo.

En general, las ciudades del mundo romano podían hacer frente a las escaseces de alimentos que padecían periódicamente, aunque, con una tendencia creciente, se apoyaban en la autoridad y la caridad imperial. Este problema disminuye una vez que el Gobierno central reconoce que estaba muy interesado en la supervivencia y el bienestar de las ciudades en general, aunque su interés por ciudades individuales, era menor.

Las ciudades eran fundamentales para desempeñar una serie de obligaciones administrativas esenciales, y por ello había que proteger se viabilidad económica y su base demográfica.
El flujo que se advertía en el campo debido a que las unidades domésticas de los campesinos caían, sobrevivían, emigraban y prosperaban, no deben confundirse con el problema de la supervivencia del campesinado como clase.
Si no había supervivencia en la población agrícola, entonces las ciudades que dependían del campo, colapsarían.

Los impuestos y tributos eran un fenómeno nuevo en las regiones que integraban el imperio romano. Lo que ocurría a consecuencia de las conquistas imperiales y de la imposición de censos que abarcaban todo el imperio, era que los impuestos se recaudaban de forma un poco más eficiente que antes.
Los tipos impositivos son relativamente bajos, pero no era necesario subirlos, los requisitos del Gobierno eran pocos, porque sus intereses eran limitados.

El comercio en el Antiguo Egipto.Un primer concepto de Globalizacion?

Durante la mayor parte de su existencia, el antiguo Egipto fue el país más rico del mundo.
Los egipcios cultivaban más alimentos de los que necesitaban, por lo que exportaban el excedente: lino, papiro y pescado seco, a cambio de artículos de lujo como incienso, plata y madera fina de cedro.
Los caballos procedían de Asia, mientras que del sur, de Nubia y de Punt, les llegaba oro, marfil, ébano e incienso.
Las plumas y los huevos de avestruz eran los regalos que los egipcios ofrecían a faraones de países del sur.
Los nubios ofrecían regalos a la corte egipcia.
Nubia era rica en cobre, oro y piedras semipreciosas.
Los mercaderes también suministraban a Egipto artículos exóticos, como incienso y animales salvajes, procedentes de tierras más lejanas del sur.
Gran parte del comercio se realizaba por barco.
Las embarcaciones navegaban por el Nilo y por el mar Mediterráneo, transportando mercancías de un lugar a otro.
Las expediciones que pasaban por el mar Rojo para llegar a Punt (supuestamente Somalia actual) regresaban cargadas de marfil, incienso y mirra.
En varias épocas, Egipto controló países vecinos como Palestina, el sinaí y Nubia y explotó sus riquezas.

Mercado frente a estado

Al analizar las diversas formas de organización económica que se han sucedido desde el neolítico, observamos la presencia constante de dos tipos de instituciones, de estado y de mercado, que conviven permanentemente en tensión. Son dos sistemas institucionales diferentes y en conflicto pero que se necesitan mutuamente. Incluso pueden ser considerados partes complementarias de un mismo sistema.

Comerciantes y recaudadores de impuestos en un cuadro de Ruysdael de 1542
Entendemos aquí al mercado como el conjunto de instituciones que facilitan la adopción de decisiones económicas (qué y cómo producir, cómo distribuirlo) mediante acuerdos entre individuos que defienden sus intereses particulares con mayor o menor capacidad de influir en el resultado.
El estado, por el contrario, es una organización con capacidad coactiva, que intenta monopolizar el uso de la violencia y que está capacitado para imponer decisiones económicas a los individuos. Todas las decisiones económicas son adoptadas mediante uno de esos dos mecanismos.
Suele considerarse que hay una tercera forma de adoptar decisiones económicas, la tradición, pero podemos considerar que la tradición no es sino un argumento que legitima las decisiones adoptadas por el individuo o por el estado.
Tanto las instituciones de mercado como las de estado tienen un apoyo histórico y puede considerarse que están fundamentadas en la tradición.

Por otra parte, todas las sociedades han estado buscando dos objetivos económicos, la eficacia y la equidad. La eficacia económica es el principio que ordena las alternativas económicas según su mayor rentabilidad y su menor coste.
La eficacia busca aumentar la cantidad producida y disminuir el esfuerzo necesario para producirlo. La equidad, al contrario, ordena las alternativas económicas en función de su distribución. El principio de equidad aspira a que todos los individuos reciban cantidades iguales de lo producido.
Se suele considerar que el mecanismo del mercado conduce a la adopción de decisiones más eficaces pero menos equitativas, mientras que los mecanismos del estado resultan en decisiones más equitativas pero menos eficaces.
Esta consideración se ajusta frecuentemente a la realidad, pero no puede ser generalizada. Hay situaciones en las que el mecanismo de mercado conduce a situaciones menos eficientes que el estado. Pongamos como ejemplo los bienes públicos o las situaciones definidas como dilema de los presos.

El estado, por otra parte, ha mostrado una constante tendencia a generar diferenciaciones entre individuos y a beneficiar a los grupos que se apoderan de su aparato.
Se suele asociar también el mercado a la libertad en la adopción de decisiones y el estado a la imposición de decisiones. Sin embargo hay ciertos mercados, los monopolios por ejemplo, extremadamente coactivos, mientras que los estados pueden utilizar su poder regulador precisamente para establecer unas reglas de juego libre en los sistemas de adopción de decisiones.

En cualquier caso, en todas las sociedades, con algunas efímeras excepciones, han convivido y conviven ambos tipos de instituciones, de mercado y de estado. Parecen necesitarse y complementarse mutuamente. Una frecuente explicación de acontecimientos históricos suele ser la aparición de graves desequilibrios entre ambas instituciones que conducen al debilitamiento frente a las amenazas exteriores.

En la actualidad todos los economistas estamos de acuerdo en la necesidad de que pervivan ambos sistemas, pero mantenemos graves discrepancias sobre qué proporciones relativas deben mantener ambas instituciones o si determinadas decisiones deben ser tomadas por uno u otro mecanismo.

El feudalismo

La mayoría de los autores, incluyendo a Karl Marx, consideran al feudalismo un sistema económico diferenciado. Quizá no sea correcta esa apreciación.
Más bien parece un período de regresión económica y social al sistema neolítico localizada en una zona de Europa. Simultáneamente continuaba el sistema de los grandes imperios en América, China, la India e incluso el Mediterráneo, primero con Constantinopla, después con el Islam. En realidad habría que hablar tan solo de la caída del Noroeste del Imperio Romano.

El Imperio Romano no es más que otro de los grandes imperios. Es el etnocentrismo europeísta el que presenta al Imperio Romano como una culminación, cuando no fue más que otro peldaño inmediatamente superado por otros imperios en China y el Islam
¿Por qué cayó?
Hay muchas explicaciones posibles y no debemos buscar una razón única. Las epidemias parecen ser más consecuencia que causa de la decadencia. Lo mismo se puede decir de la falta de esclavos o de los movimientos migratorios o invasiones. Nada de eso se hubiera producido en una sociedad en expansión. Las tribus invasoras parecen haber sido más bien grupos oportunistas que aprovechaban la ruina e indefensión de los pobladores romanos. Puede ser interesante considerar la hipótesis de la toma del poder por grupos religiosos fanáticos. Aún más interesante quizá es una de las últimas hipótesis apuntadas: el encarecimiento del papiro por contaminación del Nilo.


Los ascensos, decadencias y caídas de dinastías imperiales parecen ser ciclos económicos consustanciales a ese sistema económico.
En el caso del noroeste del Imperio Romano, hubo un desmantelamiento del sistema de acumulación y transmisión de informaciones. Sea por encarecimiento del papiro, sea por fanatismo religioso, las clases dirigentes olvidaron las técnicas de lectura y escritura. Durante los siglos quinto, sexto, séptimo y octavo sólo podemos encontrar algo de cultura en la frontera con los otros imperios, el Romano de Oriente y el Islam.

Es en la época carolingia, al entrar en el siglo noveno, cuando parece iniciarse una lentísima recuperación. Se inicia ésta, según las crónicas de la época, mediante la importación de hombres cultos de la periferia, de Irlanda y de Grecia, que empiezan a crear una estructura capaz de aglutinar territorios. Hasta entonces, la economía y la sociedad ha vuelto a la situación del neolítico: pequeñas poblaciones que se dedican a la agricultura y la ganadería, sin medios de comunicación con el exterior y unos aparentes gobiernos que apenas mantienen el control fuera de la ciudad en la que residen. Los pequeños ríos europeos nunca fueron buenas vías de comunicación y la red de calzadas romanas, atravesando descampados y bosques, requería un fuerte dispositivo de policía.

Los que enumeran el feudalismo entre los sistemas económicos aluden como su característica definitoria el régimen de propiedad territorial o las organizaciones gremiales de artesanos. Las relaciones entre la familia dirigente y el resto de los ciudadanos de las pequeñas comunidades agrícolas y ganaderas, aisladas e incomunicadas, no parece ser muy diferente a los grupos neolíticos de otras partes del mundo u otros momentos de la historia.
Respecto a los gremios artesanales, parecen más bien pertenecer a la fase de la recuperación, a partir del siglo décimo.

La revolucion neolitica

Hace diez mil años, recién finalizada la última glaciación, se inicia un proceso de cambios económicos muy rápidos en comparación con lo ocurrido hasta entonces. Se inicia la agricultura, la ganadería, la alfarería, el pulimentado de la piedra.

Es en el oriente medio, en el área conocida como el Creciente Fértil, desde Palestina (Jericó), pasando por el sur de Turquía (Katal Huyuk), hasta la Mesopotamia y el golfo Pérsico. Dos mil años después se extiende a través de la India (Harare) por todo Asia hasta China.

O quizá se produce allí un proceso independiente, como parece indicar el cultivo de cereales completamente diferentes. También parece ser independiente el neolítico mesoamericano, basado en el maíz.
Las formas de transmisión de informaciones de una generación a otra habían permitido acumular los conocimientos necesarios para la roturación de tierras, periodificación de la siembra y la recolección, alimentación y cuidado de animales cautivos, tratamiento y modelado de arcillas y otras variadísimas nuevas tecnologías.

Conviene destacar la importancia de la transmisión de informaciones como forma de desarrollo económico y social en aquella, al igual que en todas las épocas. Esa transmisión no era sólo oral. Los instrumentos de trabajo -hachas, flechas, arpones, agujas, rascadores- habían sido durante milenios fuentes de información del grupo social a que pertenece su portador, o la técnica que utiliza para cazar o para cortar la piel o para hacer un abrigo.

Los artesanos estudiaban objetos diseñados por otros y aprendían a imitarlos o a mejorarlos. En el neolítico, la transferencia de informaciones se hace mucho más rápida e intensa.

El creciente fértil, la zona en la que, al final de la última glaciación, hace diez mil años, se inició la revolución neolítica.
La mayor productividad del trabajo y de la tierra y la estabilidad de la producción, permiten una mejora de la alimentación y la salud por lo que la esperanza de vida se alarga. Sobreviven más hijos, y las familias se hacen más numerosas.

El grupo social tiene que hacerse sedentario para proteger la siembra y los frutos de su esfuerzo. Los agricultores tienen que formar grupos más numerosos, las primeras ciudades, para defenderse mutuamente. En esos núcleos urbanos la especialización se hace más compleja. Las artesanías requieren un aprendizaje profesional más largo.

Los intercambios de productos dejan de ser acontecimientos extraordinarios para convertirse en rutina.
Posiblemente aparece entonces el profesional de la administración pública revistiendo su liderazgo con ropajes religiosos o uniformes militares. Los artesanos -alfareros, tejedores- obtienen el alimento para su subsistencia mediante trueque con los campesinos.

Los líderes de carácter religioso obtienen los medios para su subsistencia de donativos más o menos ritualizados; los líderes de carácter militar, mediante la recaudación coactiva. Es un liderazgo o coacción débil que se ejerce sólo a nivel local, pero previsiblemente surgen esporádicamente conflictos entre grupos sociales, entre los administradores y los administrados o entre diferentes líderes.

Muchos grupos humanos siguen viviendo hoy día en condiciones similares al neolítico. Son núcleos agrícolas aislados en cualquier continente, que reciben muy pocas noticias del resto del mundo. Pequeños poblados de África, Latinoamérica o Asia que producen todo lo que consumen y consumen lo que producen. Como entonces, no saben leer ni escribir. No utilizan monedas, aunque saben que existen.

De vez en cuando, pocas veces al año, aparece en el poblado alguien del exterior con el que intercambian algunos productos e informaciones

de maig 11, 2007

la utilidad del mando



"Cuentan que en una carpintería hubo una extraña asamblea...


Fue una reunión de herramientas para arreglar diferencias.

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar, ya que se pasaba todo el tiempo haciendo ruidos. El martillo aceptó la culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera.


El tornillo aceptó el ataque, pero exigió la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás.


Y la lija estuvo de acuerdo, pero exigió que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás como si él fuera perfecto.


En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició la tarea.

Utilizó el martillo, la lija, el metro, y el tornillo. Finalmente, la tosca de madera se convirtió en un hermoso mueble.


Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando el serrucho dijo:

- Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso nos hace valiosos. Así que no pensemos en nuestras fallas y concentrémonos en la utilidad de nuestros méritos.


La asamblea pudo ver entonces que el martillo es fuerte, el tornillo une, la lija pule asperezas y el metro es preciso. Se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad.

Esta nueva mirada los hizo sentir orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos. No fue necesario echar a nadie."

de maig 04, 2007

¿Qué es la globalización?









La "globalización" económica es un proceso histórico, el resultado de la innovación humana y el progreso tecnológico. Se refiere a la creciente integración de las economías de todo el mundo, especialmente a través del comercio y los flujos financieros.


En algunos casos este término hace alusión al desplazamiento de personas (mano de obra) y la transferencia de conocimientos (tecnología) a través de las fronteras internacionales. La globalización abarca además aspectos culturales, políticos y ambientales más amplios que no se analizan en esta nota.


En su aspecto más básico la globalización no encierra ningún misterio. El uso de este término se utiliza comúnmente desde los años ochenta, es decir, desde que los adelantos tecnológicos han facilitado y acelerado las transacciones internacionales comerciales y financieras.


Se refiere a la prolongación más allá de las fronteras nacionales de las mismas fuerzas del mercado que durante siglos han operado a todos los niveles de la actividad económica humana: en los mercados rurales, las industrias urbanas o los centros financieros.


Los mercados promueven la eficiencia por medio de la competencia y la división del trabajo, es decir, la especialización que permite a las personas y a las economías centrarse en lo que mejor saben hacer.

Gracias a la globalización, es posible beneficiarse de mercados cada vez más vastos en todo el mundo y tener mayor acceso a los flujos de capital y a la tecnología, y beneficiarse de importaciones más baratas y mercados de exportación más amplios.


Pero los mercados no garantizan necesariamente

que la mayor eficiencia beneficiará a todos.


Los países deben estar dispuestos a adoptar las políticas necesarias y, en el caso de los países más pobres, posiblemente necesiten el respaldo de la comunidad internacional a tal efecto.